Café Peñalba (Calle Uría)

 Foto Vélez

 

 

 Café Peñalba (Agosto 1929- Septiembre 1962)

Café Peñalba: Sucesor de la Brasserie del Hotel París que regentaba Manuel del Valle y cuyas instalaciones traspasó en 1928 a los hermanos Álvarez Victorero, hijos de Evaristo Álvarez y Leonor Victorero, originarios de Colunga y propietarios del prestigioso Hotel Restaurant La Colunguesa, fundado en 1876 en la calle Jovellanos, sobre Camilo de Blas y al lado de la estación del Vasco.  Ahí fue donde los hermanos aprendieron el arte de la buena hostelería.

 Uno de ellos, Enrique, regentó el Hotel Pelayo de Covadonga durante los años 20 del pasado siglo. En 1929 abre junto a sus hermanos el Café Peñalba en Oviedo, y en 1935 el Sisters. El restaurante Sisters estaba instalado en el número 13 de la calle Uría, en el bajo de la llamada Casablanca, donde actualmente están los Almacenes Galán. Se trataba, como escribe Luis Arrones Peón, de un «lujoso restaurante que en el decir de quienes lo conocieron era, sin duda, el número uno de todo el norte de España y probablemente también de toda la Península en aquellos tiempos». Luego hubo de cambiar el nombre por el de Casablanca, debido a que la legislación prohibió el uso de términos extranjeros en los rótulos de los negocios.

 Enrique, junto a su hermano Maximino y dos de sus hermanas inaugura el 14 de agosto de 1929, en el número 14 de la calle Uría, el Café Peñalba, establecimiento que se convirtió en símbolo de la ciudad y cuyo cierre en septiembre de 1962 fue muy sentido por los ovetenses. A lo largo de sus 33 años de existencia, el Café Peñalba, de amplios ventanales con vistas al campo, mesas de mármol e iluminado con vistosas lámparas, logró una merecida fama: el esmerado servicio ofrecido por los uniformados (pajarita incluida) camareros y el tono de distinción calaron en la ciudad hasta el punto de convertir al establecimiento de Enrique Álvarez Victorero en un símbolo de Oviedo. Una parte del local se utilizó desde 1934 hasta 1936 como salón de exposiciones donde presentaron sus obras acreditados artistas asturianos como Magín Berenguer (en el Peñalba hizo su primera exposición), Francisco Casariego, Andrés Vidau, Joaquín Vaquero, Nicanor Piñole, José Uría, Carlos Avellaneda, Evaristo Valle o María Galán Carbajal. En el Peñalba, un café de mesa, donde la barra no se utilizaba más que para el servicio de los camareros, no se permitía jugar al tute, ni a la brisca ni al dominó; tan sólo a las damas y al ajedrez, entretenimientos más afines al señorío del establecimiento. Acogió en sus mesas numerosas tertulias, como la de los Puritanos; mesas que eran atendidas por una amplia nómina de camareros, subalternos, conserjes, botones y hasta un limpiabotas, llegando a tener en plantilla a 40 personas.

 Es traspasado en 1962 para la apertura en el local de una sucursal del Banco de Vizcaya, lo que origina ríos de tinta en la prensa lamentando que una institución tan carbayona sucumbiera al poderío del capital. En esos inicios de los años 60, las entidades financieras se expanden como setas en la ciudad. A los Bancos no se les critica por sus políticas comerciales (no existían las preferentes ni los desahucios masivos); lo que molesta a la ciudadanía es que se instalen en locales hasta entonces ocupados por comercios o cafés emblemáticos. En un artículo que Isidoro Costillas publica en La Hoja del Lunes poco antes del cierre del Peñalba, comenta que tal vez se podría haber evitado la desaparición del café. Recuerda un caso parecido en Bilbao, cuando un banco planteó adquirir el local de un establecimiento muy apreciado en la capital vizcaína. La prensa dio la voz de alarma, creando un estado de opinión contra el banco que hizo a sus responsables recapacitar y, para evitar enfrentarse a esa avalancha de crítica y rechazo, dan marcha atrás y renuncian a desalojar el establecimiento. Aquí no ocurre lo mismo que en Bilbao, y pese al disgusto de los ovetenses, el Peñalba pone fin a sus más de 30 años de existencia el 30 de septiembre de 1962, dejando huérfanos a muchos tertulianos y asiduos del café. Con el Peñalba desaparecía el último bastión de los cafés clásicos que durante casi un siglo habían reinado en el ocio carbayón. El Café Español en Cimadevilla, el Cervantes en la Escandalera, el Pasaje en Uría, el Madrid en Campomanes… todos habían pasado a ser un recuerdo del pasado y reemplazados por el nuevo concepto hostelero: las cafeterías. El Kopa Club en Palacio Valdés (donde ahora está Kopa Vestir), abierto pocos años antes del cierre del Peñalba reflejaba la llegada de una modernidad en la que los clásicos cafés de antaño ya no tenían cabida. Aunque al Café Peñalba le llegó su hora, justo al lado, en la calle Milicias, la confitería de mismo nombre y propietarios permitió con sus exquisitos productos mantener un dulce recuerdo del desaparecido café.

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